Blog #14 ¡Para hablar y comer pescado, hay que tener mucho Cuidado!

hablar

“La gente podrá olvidar lo que hiciste o lo que dijiste, pero nunca como los hiciste sentir” (Autor desconocido)

 Comunicándonos al hablar.

Una de las cualidades más hermosas que el ser humano posee, es poder comunicarse. Existen muchas formas de hacerlo y la mayoría de ellas cumple su objetivo de manera satisfactoria, transmitir ideas, conocimientos, pensamientos, esto es comunicación. Podemos hacerlo con palabras, sonidos, gestos y hasta silencios, en eso consiste el acto de relacionarse y compartir información.

Desde la más remota antigüedad, el ser humano ha tenido la necesidad intrínseca de relacionarse, de comunicarse con su alrededor para transmitir sus ideas y sus conocimientos. Esta forma de mantener el contacto con los semejantes se puede hacer de dos maneras: con el lenguaje oral y el que no emite sonidos. El primero, es el establecido por dos o más personas a través de un código (idioma) en un canal y con una situación determinada. El segundo es aquel expresado a través de gestos, movimientos, sonidos y expresiones corporales.

Ahora bien, aunado al lenguaje también debemos mencionar que existen algunos valores indispensables a la hora de relacionarnos, como la discreción, la prudencia, la empatía, la solidaridad y el respeto, sin embargo, al intentar poner en práctica estas acciones el ser humano descubre que no siempre es fácil, puesto que dichas conductas nos obligan a pensar en el otro primero, a reaccionar de la manera más adecuada dejando de lado actitudes que ya por costumbre utilizamos y no son las mejores. De ahí la relevancia de saber comunicarnos de manera asertiva.

La palabra nos habla!

Encontramos una demostración de comunicación excepcional, en   Juan 8 .3-11. Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres.)  En esta escena y a primera vista, pareciera que los fariseos estaban en lo correcto, porque así lo había mandado Moisés y eso en teoría decía la ley. Los Fariseos eran expertos en colar el mosquito y tragarse el camello, no desaprovechaban la oportunidad, de agredir, maltratar y hacer justicia con manos injustas, además utilizaban lo que les convenía de la ley, porque en este caso también debían apedrear al hombre que estaba con ella.

Quisiera ahora que nos planteemos la siguiente pregunta: ¿Cuantas veces hemos sido nosotros los Fariseos?, siendo talvez testigos de grandes maltratos físicos, emocionales, legales y hemos justificado tales actos en nombre de Dios, rápidos en convertirnos en jueces y con el dedo señalamos la falta del hermano sin darnos cuenta de las propias. Jesús nos demuestra que son más importantes las personas, que determinados actos y que un buen abordaje puede salvar y encauzar vidas.

Continuando con el pasaje bíblico. Tú, pues, ¿Qué dices? Más esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: el que de ustedes esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella e inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. ¡Que capacidad y qué control de las emociones demuestra Cristo! él sabía qué clase de personas eran las que estaban acusando de pecado a aquella mujer. Jesús conocía bien las intenciones de los fariseos, ellos querían tentarlo, exponerlo, pero él nunca perdió la compostura, tampoco los justificó para evitar contiendas, sino que los enfrentó con sabiduría.

Muchos en  su lugar habríamos iniciado una acalorada discusión, sacando los trapos sucios como decimos en Costa Rica, Jesús pudo de forma directa haber recitado la lista de pecados que cada uno cargaba, pudo hacerlos sentir mentirosos, hipócritas, miserables, trasgresores de esa ley que supuestamente tanto defendían y querían hacer cumplir, sin embargo, vemos a un hombre que mide cuidadosamente cada palabra antes de soltarla, agregaría desde mi opinión que ganas no le faltaron de destrozarlos con muchas frases que les pudieran herir, porque se lo merecían. Por el contrario, leemos que sin decir nombres, sin entrar en contiendas, y mucho menos en debates de quien tiene la razón, demostró que con sabiduría e inteligencia se podía lograr mucho más, esto al lanzar un dardo directo al corazón o a la conciencia de estas personas. Porque para imponer justicia hay que ser justo. Él solo les dice parafraseando: conozco perfectamente la ley de Moisés y dice que hay que apedrearla, entonces que lo haga el que este sin pecado.

Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando por ancianos; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: ni yo te condeno; vete, y no peques más. Esta mujer jamás pudo olvidar la manera como Jesús la hizo sentir, no le permitió vivir en el pecado, pero sin muchas palabras le hizo sentir igual al resto, era pecadora igual que todos los demás, solo vete y no lo hagas más. Estas palabras llenaron  de fe y esperanza a aquella mujer, y el agradecimiento la acompañó hasta sus últimos días.

Encontramos en este pasaje, las actitudes más comunes de los humanos ante las faltas ajenas, señalar, acusar, condenar, denigrar y hasta matar, el Señor Jesús da una demostración de la manera correcta de abordar una problemática cualquiera que esta sea, nadie es mejor que el otro ante los ojos de Dios, nadie debería tomar el lugar de Dios para juzgar quien si y quien no.

La comunicación en uno de los regalos maravillosos de Dios para los humanos, al darnos ese don se requiere que hagamos un buen uso de el, jamás usarlo para exaltarnos a nosotros mismos, y mucho menos para hacer sentir menos a los demás, las palabras deberían siempre llevar impregnado el deseo de hacer sentir bien al oyente, la discreción, el respeto por lo ajeno si alguien confía su problema, nunca se debe olvidar que la indiscreción no tiene vuelta atrás, que es falso que las palabras se las lleva el viento.

El término prudencia proviene del latín prudentia, que es una cualidad que consiste en actuar o hablar con cuidado, de forma justa y adecuada, con cautela, con moderación, con previsión y reflexión, con sensatez y con precaución para evitar posibles daños, dificultades, males e inconvenientes, y respetar la vida, los demás.

A la hora de relacionarnos es indispensable la prudencia, es de suma importancia que exista comunicación entre el cerebro y lo que expresamos, una frase inapropiada marca para siempre a quien la dijo, se pierde la confianza, el respeto, nadie quiere relacionarse con una persona imprudente, no solo hace sentir mal a los presentes con sus comentarios inapropiados, sino que no hay confianza para hablar porque no se sabe que puede hacer el imprudente con esa información.

Pensar un poquito antes de hablar, no requiere de un gran esfuerzo, pero si de control, dominio, deseo de ser mejor persona, anhelo de no maltratar a los demás, pero sobre todo tener siempre presente el deseo de ganar amigos al ser una persona confiable, recuerda que las personas pueden olvidar todo momentos, acciones, palabras,  pero nunca,  como se les hizo sentir. Proverbios 8:12 Yo, la sabiduría, habito con la prudencia, y he hallado conocimiento y discreción. Proverbios 22:3 El prudente ve el mal y se esconde, más los simples siguen adelante y son castigados.

Analive Quirós

 

Referencia.

https://bible.knowing-jesus.com/Espa%C3%B1al/topics/La-Prudencia

Enlace de Interés.

https://fuentedelcielocr.com/wp-content/uploads/2021/05/PREDICA-30-Mayo-2021.pdf

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Juan Diego Guzmán Vega
Juan Diego Guzmán
5 years ago

Excelente análisis. Cabe destacar que llevaban bastante tiempo buscando cómo poner a Jesús contra las cuerdas para aprenderlo. Los fariseos dice “en la ley de Moises nos mandó a apedrear a tales mujeres” pero en realidad no era a la mujer sola, sino junto al hombre también. Estos fariseos no estaban deseosos de cumplir la ley sino sed de sangre y de venganza.

El texto está centrado en Jesús. “¿Que dices?” Presionaban a Jesús porque si decía “dejarla ir” estaría quebrantando la ley. Y si hubiera dicho “ejecutarla por su pecado” entonces Jesús sería severo y falto de misericordia. Además violaría la ley Romana quienes habían anulado el derecho a ejecutar por motivos religosos. Jesús no solo se sabía la ley sino que la interpretó, dando a entender que Él esta por encima de la ley.

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