Blog #21 La importancia de pertenecer

pertenecer

Una historia sobre pertenecer.

Una mañana rumbo a casa de mi hermana en pleno San Jose, hice una parada rápida para comprar “pancito para el café”.

Ya en la panadería escuche unas personas que conversaban amenamente a mi espalda y mencionaron mi pueblo. De forma instintiva preste atención, mientras hablaban sobre la peculiar forma en que pronunciamos algunas palabras.

Me voltee y pude observar a tres jóvenes, una de las muchachas algo sonrojada, se defendía como podía de las bromas, pero estaba sola tratando de probar su punto contra sus dos acompañantes.

Sentí que era hora de apoyar a mi coterránea, y con voz de adulto interrogativo los interpele para consultar quien era de Palmares. Rápidamente unos grandes ojos negros me miraron mientras levantaba la mano y sus otros dos acompañantes la señalaban con el dedo.

Esboce una sonrisa de confianza y de seguido me presente con un simple, – yo también soy de tu pueblo-; y luego inicie una corta y bien argumentada defensa que dejo a los contrincantes fuera de la discusión, y dándole absoluta razón a la jovencita que minutos antes tenía la cabeza metida entre los hombros y ahora la levantaba bien alto en señal de victoria.

Nunca antes en mi vida había visto a la joven de nuestra historia (al menos que yo lo recuerde), y casi estoy segura que ella tampoco a mí, y no creo volver a verla o reconocerla en caso de que volvamos a estar frente a frente, pero por ese momento de nuestras vidas fuimos compinches, ese sentido de pertenencia que nos dio vivir en el mismo pueblo, nos convirtió en un equipo con un fin común.

Dos personas infinitamente diferentes a primera vista, se volvieron compinches gracias a un fuerte sentimiento, el sentido de pertenencia.

El sentido de pertenencia.

Otra circunstancia comparable a esta, es cuando por mis conocimientos de un segundo idioma puedo colaborar con algún extranjero que no está siendo comprendido por no comunicarse en nuestra lengua.

Puedo observar sus rostros de alivio al ver que alguien pueda comprender al menos su idioma, pero aun es mayor su felicidad si mientras los atiendo, alguien de su país se acerca para ayudarlos, inmediatamente puedes percibir paz, alivio y ese sentimiento de pertenencia puede notarse salir a flote.

No importa el lugar del mundo en el que te encuentres, vuelves a tu patria mientras tengas esa conexión personal con alguien, bien deben saberlo quienes por alguna razón han viajado lejos y se han topado con alguien de su país, y aun mejor, de su pueblo.

La razón es simple, aunque no tengamos parecido físico, o gustos similares, nuestras creencias, nuestra esencia al pertenecer, es la misma.

Así funciona el sentido de pertenencia, eso es lo que es capaz de activar en nosotros.

Es ser humano no es un nómada solitario, fuimos creados para vivir en manada, en tribu, para pertenecer.

De ahí el por qué desde niños esa necesidad de pertenencia se activa en nosotros y –“es el sentimiento que tiene el niño de ser aceptado por los demás, de ser considerado importante y parte de un grupo… empieza a desarrollarse en los primeros años en el seno de la familia” *1 (de ahí la importancia de un sano y correcto ambiente familiar).

Este sentimiento se agudiza conforme crecemos y nos hace expandir nuestro círculo familiar mucho más allá, buscando encajar en el grupo correcto.

Pertenecemos a  un pueblo mas grande.

Ese sentimiento de pertenencia nos une, nos hace fuertes, nos identifica, nos genera orgullo de los que somos y nos permite trabajar juntos por fines comunes, que pueden ir desde apoyar a una coterránea en una discusión de panadería, hasta que un pueblo o un país se una con un fin común como uno solo, como menciona La Biblia en repetidas ocasiones, (y lo vemos en la historia de cualquier pueblo o país en cualquier parte del mundo), es la única manera de lograr asegurarse las victorias (Génesis 11:6, Jueces 20:8, 1 Samuel 11:7, Esdras 3:1, Nehemías 8:1).

Aplicado al Pueblo de Dios, al que podemos definir como cada hombre o mujer que cree con su corazón y confiesa con sus labios a Jesús como su Señor y Salvador, (Romanos 10:8 al 13). Aquellos que buscan hacer la voluntad del Padre que les envío. (Juan 5:30).

Es fácil identificar un coterráneo de la fe, porque al pertenecemos a una misma familia de la fe, al Pueblo de Dios.

Eso nos fortalece y nos hace cumplir los propósitos eternos para los que fuimos llamados.

Como parte del mundo espiritual tampoco fuimos hechos para ser ermitaños, no estamos hechos para vivir aislados, fortalezcámonos y pertenezcamos a la familia de la fe, a nuestro pueblo, para así lograr victorias contundentes y poder levantar con éxito nuestra cabeza.

Enlaces destacados.

https://www.miautoestima.com/autestima-ninos-sentido-pertenencia/

 

https://fuentedelcielocr.com/wp-content/uploads/2021/08/Hacia-una-Iglesia-Saludable.pdf

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Rafael Calvo
Rafael Calvo
4 years ago

Este tema de pertenencia es un gran tema con mucho que conversar, pero me permito sumar solo un ejemplo más a los expuestos por Ivannia.
Es increíble cuando hablando con alguien nos damos cuenta que somos Cristianos… la conversación, el ambiente, la asertividad, los temas entre otros cambia por completo y sino fuera por el covid de fijo seguiríamos terminando esa conversación, que iniciamos con un desconocido, con un fuerte y fraternal abrazo y un Dios te continúe bendiciendo con todo el amor de una Familia, de una Familia eterna, la Familia de la Fe, y pensaría que estamos de acuerdo el decir que no hay vínculo o pertenencia más fuerte que esa.
Muy interesante el tema puesto sobre la mesa por Ivannia y sería interesante conocer historias que hemos experimentado con relación a la pertenecía, sé que hay muchas y muy bonitas historias al respecto que se podrían compartir.
Bendiciones.

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